L’home i l’animal han compartit la vida des de sempre i els beneficis, mitjançat la interacció terapèutica, porten documentant-se des de fa anys .

El present article pretén explicar els mencionats beneficis a partir d’un cas real, en el que la involució de MG va fer plantejar als terapeutes implicats, la introducció de les Teràpies Assistides amb Animals (TAA) com a reforç a les sessions de logopèdia, per propiciar la reducció i gestió del estrès de la persona i en conseqüència, augmentar la seva capacitat de treballar els objectius plantejats en les sessions.

Paraules Clau: Logopèdia; Llenguatge; Comunicació efectiva; Teràpia assistida amb animals;Teràpies amb gossos; TAA;Gestió i reducció de l’estrés.

Aquest article forma part del projecte Contruïm Plegats.

 

A la señora MG (MG en adelante), de 51 años de edad, se le diagnosticó la enfermedad de Alzheimer de inicio precoz en el año 2013. A finales del año 2014, por petición de la familia y de la misma Alzheimer Catalunya Fundació, se pidió una valoración por parte de un logopeda de las funciones del habla, la comunicación y del proceso de deglución, debido a que se había observado un deterioro marcado en estos aspectos. Para la valoración de esas funciones se hizo uso de un test estandarizado que permitiera evaluar si los resultados obtenidos estaban dentro de la normalidad o no, y así poder marcar unos objetivos de trabajo claros y adaptados a la paciente. También se hizo una valoración más funcional de su lenguaje y de otras funciones ejecutivas implicadas, como la memoria, la motricidad y la atención, entre otras.

La función deglutoria se encontraba preservada, sin dificultad para masticar y tragar sin riesgo de aspiraciones con todas las texturas y tipos de alimento. MG hacía uso de todos los utensilios de comida con algunas dificultades a nivel de motricidad fina, pero que no le impedían realizar las comidas de manera adecuada y autónoma. El lenguaje y la comunicación eran los aspectos en los que se observó más dificultad. MG se mostraba muy dispuesta a comunicarse, es decir, había una intención comunicativa muy marcada y eso favorecía a la hora de establecer una intervención. El problema principal era el acceso al léxico, esto es, encontrar la palabra que quería decir en el momento exacto. Se observaban paráfasias fonéticas (1) y un elevado tiempo de latencia (2), incluso cuando se le daba una ayuda, ya fuera fonética (de sonido) o semántica (de significado). La comprensión se encontraba preservada, aunque con algunas dificultades en tareas que requerían más de una acción consecutiva y en la comprensión lectora.

En las tareas de repetición y expresión oral, se observó una disartria leve y con ello las dificultades habituales: baja precisión articulatoria, fluencia y prosodia del habla alteradas, omisión de elementos en la estructuración del lenguaje, descoordinación respiratoria, etc. Las series automáticas, como los días de la semana o los meses del año, se encontraban afectadas de manera que se podían reproducir, pero de forma muy lenta, y aquí fue donde se observaron también dificultades de memoria.

Después de hacer esta extensa valoración, iniciamos un tratamiento logopédico con una sesión de 45 minutos un día por semana, en la que se trabajarían todos los aspectos en los que vimos más dificultades. Nuestro objetivo era mantener las funciones comunicativas el máximo tiempo posible para que MG pudiera tener una comunicación efectiva y sobre todo funcional. A medida que avanzábamos con las sesiones, fuimos observando un deterioro cognitivo cada vez más marcado, muchas dificultades en acceder al léxico y leer, perseveraciones verbales (3) en el lenguaje espontáneo, dificultades de memoria y una alta labilidad emocional que MG canalizaba con somatizaciones: ahogamientos, ansiedad, lloro de ojos.

Al observar estas reacciones fisiológicas, decidimos valorar si el tratamiento que estábamos llevando a cabo era o no efectivo, ya que en las últimas sesiones era prácticamente imposible efectuar los ejercicios programados, teniéndose incluso que reducir el tiempo de las sesiones de 45 a 30 minutos para evitar que MG se estresara, pues hasta ese día había ido aumentando tanto su estrés durante las sesiones que, en lugar de aportarle mejora, la empeoraban, dejándola con la frustración adicional de no poder hacer o decir lo que se le pedía.

Fue en ese momento cuando nos planteamos otro tipo de terapia o intervención que reforzara la parte más emocional y psicológica de MG y que, al mismo tiempo, nos permitiera seguir trabajando en los aspectos comunicativos.

MG tuvo que dejar a su perro cuando ingresó en el centro y, aunque lo ve cuando sale con su familia a pasear, lo echa mucho de menos. Alzheimer Catalunya Fundació lleva ya un tiempo utilizando las Terapias Asistidas con Animales (de ahora en adelante, TAA), con personas tuteladas en distintos estadios de desarrollo de su enfermedad y, a la vista de los buenos resultados obtenidos, se pensó introducir las TAA, con perros, en las sesiones de logopedia de MG para paliar todas aquellas somatizaciones producidas por el estrés y la angustia de no verse capaz de comunicar lo que desea.

En enero del 2016 se introdujeron las TAA en sustitución de las sesiones de logopedia, con el objetivo principal de mejorar el estado anímico de MG y por tanto predisponerla a las terapias.

La primera pregunta que se nos planteó en el diseño de las sesiones fue ver qué papel jugaría el perro durante las mismas, es decir, ¿sería el perro una parte activa de los ejercicios o por el contrario sería una parte pasiva? No podíamos hacer otra cosa que ver en directo la reacción que MG tuviera ante este nuevo estímulo y así poder juzgar qué “formato” sería más beneficioso para ella.

La primera sesión se realizó (el 14 de enero de 2016) conjuntamente con la logopeda Audry. MG se situó en una silla, con la logopeda en otra frente a ella y, entre ellas, una pequeña mesa de desayuno que servía para apoyar los diferentes ejercicios que se iban a trabajar. Se eligió como perro de terapia a Pipa, una Cavalier King Charles Spaniel de casi 4 años, por su reducido tamaño y adaptabilidad. Colocamos a Pipa sentada en una silla junto a MG para que pudiera tener fácil acceso a ella.

La sesión no pudo ir mejor. MG estaba encantada de tener a Pipa con ella. Prueba de ello fue que, si de normal las sesiones duraban media hora (pues MG enseguida mostraba signos de cansancio o frustración), en esta sesión estuvimos sin problema una hora entera trabajando. Solamente en un momento concreto MG se recostó un poco hacia atrás en la silla mostrando cierto cansancio. En ese momento su atención se redireccionó hacia Pipa y comenzó a acariciarla. Esto relajó significativamente a MG, que enseguida se volvió a incorporar para continuar con el ejercicio que estaba haciendo. Tras terminar los ejercicios planteados por la logopeda, se le dio la opción a MG de pasar el resto de la sesión “jugando” con Pipa. En concreto, se le pidió que fuera cogiendo bolitas de pienso de la mesa y las fuera colocando dentro de un cuenco. Cuando llegara a 10 bolitas debía darle a Pipa de comer del cuenco diciendo “¡a comer!”. Esto, que parece tan sencillo, en otro momento no lo habría podido hacer ya que había perdido la capacidad de contar y de secuenciar órdenes tan largas. MG pudo realizar completamente dicha acción. Después pudo peinar autónomamente a Pipa durante un rato largo para terminar pidiéndole, con la orden tanto gestual como verbal, una orden de obediencia: “pata”. La sesión terminó con MG en un perfecto estado de ánimo, relajada, sin estrés y con interés de volver a ver a Pipa la semana siguiente.

A partir de ese día las sesiones se realizaron sin la logopeda, únicamente con Pipa y la técnica en TAA (Rut) que sería la que diseñaría las sesiones y plantearía los ejercicios para trabajar las diferentes áreas de lectura, contar, secuenciar, asociar, grafomotricidad, etc. La logopeda recibiría cada semana los informes con el trabajo realizado en la sesión y bimensualmente haría una sesión con MG como seguimiento para valorar el beneficio de las TAA. La técnica en TAA no solo se encargaba de diseñar los ejercicios a trabajar sino también debía poder conjugar el binomio “usuario-perro” de tal manera que el perro aportara un beneficio ponderable sobre el usuario dentro de cada sesión. Para ello, lo más importante en este momento era la colocación del perro respecto del usuario. Se tardó varias sesiones en encontrar el lugar idóneo para que se colocara Pipa. La técnica vio que no era óptimo el colocar a Pipa sentada al lado de MG, en otra silla, pues MG, con movilidad limitada, no tenía acceso fácil a la perrita. Así, en la tercera sesión se solicitó una mesa más grande sobre la que poder colocar tanto a Pipa como los ejercicios a trabajar.

El resultado fue notable. MG, al tener colocada a Pipa justo delante de ella, junto al material o los ejercicios, podía auto-regularse el estrés, ya que tan pronto empezaba a angustiarse por algo, dirigía la vista a Pipa, comenzaba a tocarla y, hasta que no se notaba relajada, no continuaba con el ejercicio. Todo esto lo hacía ella de manera autónoma: no era la técnica en TAA la que le hacía dejar o reanudar el ejercicio que estaba haciendo. La tarea principal de la TAA pasaba a ser fijarse en el nivel de esfuerzo y concentración que implicaba cada ejercicio, para no pedir a MG más de lo que podía hacer. Pipa realmente “disfrazaba” la terapia y hacía que la hora pasara volando.

Como ya se ha comprobado con otras personas, no sólo la colocación del perro respecto a la persona es importante, sino que también lo es el lugar donde se realiza la sesión. Dicho lugar debe estar correctamente climatizado y con ausencia de distracciones externas, como pueden ser ruidos, tráfico de gente, televisores encendidos o música de fondo. El lugar donde se situó primeramente a MG para sus TAAs no cumplía al completo dichos requisitos, pues se pasaba mucho calor, así que en la séptima sesión se recolocaron en un nuevo lugar, más amplio, ventilado y con una mesa mucho más grande sobre la que trabajar. Dicho cambio fue muy positivo y propició un mejor estado de concentración y trabajo para MG. Esto no habría sido posible sin la total participación del centro, siempre dispuesto a colaborar y sin quien no podría haberse dado dichas condiciones idóneas para este éxito.

A partir de esa sesión, trabajados ya y conseguidos objetivos básicos como poder leer los números, leer y asociar colores, reconocimiento de formas geométricas, seguimiento de instrucciones sencillas y secuenciación de las mismas, se comenzaron a trabajar los objetivos más concretos propuestos por la Fundación. Estos objetivos hacían referencia a las actividades de la vida diaria, como el reconocimiento de las partes del cuerpo y la ropa que se coloca en cada una de dichas partes. Estos objetivos se fueron trabajando a lo largo de diferentes sesiones en las que utilizaron dibujos del cuerpo humano cuyas partes MG debía leer y señalar en su propio cuerpo. Posteriormente, MG debía vestir el dibujo con las fichas de ropa. También se trabajaron estos conceptos con puzles de madera en los que había que vestir a los maniquís con ropa de las diferentes estaciones del año, etc.

Todo esto implicaba un avance significativo tanto en sus tiempos de atención continuada como en su capacidad cognitiva a la hora de realizar nuevas y diferentes actividades. Esto fue la prueba concluyente de que las TAA funcionaban y que estábamos en el camino correcto.

Sobre las Terapias Asistidas con Animales

  • Mejorar las habilidades cognitivas y motrices.
  • Favorecer la vertiente afectiva.
  • Desarrollar las habilidades sociales. • Motivar el área comunicativa.

Y todo esto lo logran, fundamentalmente, por la BIOFILIA innata en el ser humano, que es especialmente más notable con las especies animales más cercanas a nosotros, en particular los perros.

La palabra biofilia significa amor a la vida y lo vivo y fue acuñada por el biólogo especializado en evolución Edward O. Wilson, de la Universidad de Harvard, cuya hipótesis era que el contacto con la naturaleza es esencial para el desarrollo psicológico humano. La teoría sostiene que los millones de años durante los cuales el Homo Sapiens se relacionó con su entorno de manera estrecha creó una necesidad emocional profunda y congénita de estar en contacto cercano con el resto de los seres vivos, ya sean plantas o animales.

La satisfacción de ese deseo vital, dice Wilson, tiene la misma importancia que el hecho de entablar relaciones con otras personas. Así como nos sentimos bien al socializar, encontramos paz y refugio cuando vamos a un bosque, al mar, miramos muros verdes o estamos con nuestras mascotas. Esto es algo de lo que todos nos hemos dado cuenta en algún momento o en otro.

La interacción con los animales (perros, pero también caballos, delfines, etc.) que se desarrolla en las TAA apela directamente a ese amor innato que hay en el ser humano, y a partir de esa afectividad motivada, el encargado de realizar la terapia puede lograr objetivos de bienestar, siempre en coordinación con los supervisores (médicos, otros terapeutas, psicólogos) de la persona que recibe esas terapias. Las TAA no curan ninguna enfermedad grave, pero sus efectos sobre el estado de ánimo, niveles de nerviosismo y estrés han sido suficientemente probadas desde hace años en estudios científicos (“Hay una relación directa entre la presencia de un perro y la bajada de los niveles de presión arterial, la frecuencia cardíaca, la disminución del estrés y la generación de endorfinas en los pacientes”; Friedmann et al 1983. “Social interaction, and blood pressure: Influence of animal companions”. J. Nerv. Ment. Dis. 171: 461-465). Obviamente, para las personas participantes en las terapias, a las que les gusten más los animales, los resultados serán más notables.

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Los objetivos inmediatos o instrumentales de la TAA son numerosos:

  • Desarrollan la empatía.
  • Mejoran la relación con el entorno: el perro como puente.
  • Reducen la resistencia a otros tipos de terapia: “disfrazar” la terapia a través de la interacción con el perro.
  • Desinhiben a las personas.
  • Rompen la rutina.
  • Mejoran la socialización.
  • Brindan contacto físico.
  • Favorecen la expresión de sentimientos.
  • Ofrecen motivación.
  • Reducen la presión arterial y el estrés.

En el caso de MG, dado el cariño que ha generado por Pipa, todos estos efectos se dan de forma muy acusada: no estamos añadiendo días a su vida, pero estamos añadiendo mucha vida a sus días. Para MG, los momentos de interacción con Pipa se cuentan sin ninguna duda entre los momentos más felices de su semana y los efectos sobre su bienestar –repetimos, a un nivel superficial, pero ciertamente presente- son muy beneficiosos. No hay que olvidar que MG está “dentro de un tren” que le lleva, inexorablemente, a su destino. Las TAA no van a evitar que llegue a él, pero al menos le harán el trayecto mucho más agradable.

Nuestra labor como terapeutas es saber canalizar el potencial de cada animal en beneficio de los usuarios, documentar dichos beneficios y darlos a conocer, para poder hacerlos extensivos a la comunidad científica y a todos aquellos que puedan sacar provecho de ellos.

 

Sobre l’autor

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Rut Cazorla Vidal
Directora – Técnica en Terapias Asistidas con Animales (TAA) – Técnica en Autismo y otros Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD)

Audry Prior Hernández

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Logopeda – Col·legiada 08/3887

(1) Parafasia fonética: el reemplazo de un fonema por otro o de una palabra por otra que se parece en los fonemas que la componen. Ejemplo: “látiz” por “lápiz”.
(2) Tiempo de latencia: intervalo de tiempo que pasa entre el lanzamiento de un estímulo y la aparición de una respuesta.
(3) Perseveración en el lenguaje: Repetición involuntaria de la misma palabra o de la misma frase.