Píldora de conocimiento. Perder capacidades es uno de los cambios más duros del Alzheimer y de otras demencias. De repente, acciones cotidianas como vestirse, ducharse, cocinar o caminar por la calle dejan de ser algo automático. La persona siente que ya no funciona como antes, y eso puede generar tristeza, frustración o miedo.
Al mismo tiempo, la persona que cuida comienza a asumir más y más tareas, a veces sin darse cuenta de todo lo que está dejando atrás. Por eso, la pérdida de capacidades no afecta solo a quien la sufre directamente, sino también al acompañante del día a día.
A nivel funcional
Primero quedan afectadas las actividades complejas, como la gestión financiera, la planificación de comidas, el ocio y la socialización, etc. Después, estas dificultades se extienden a tareas básicas, como el baño o la alimentación.
La persona necesita más ayuda, y eso puede hacer que se sienta menos capaz. Muchos intentan continuar haciendo las cosas de manera autónoma y, al ver que ya no pueden, aparece la frustración o incluso el enfado.
A nivel cognitivo
El cerebro ya no recuerda los pasos de una acción, o se confunde con el orden. También pueden aparecer dificultades en la comunicación; y, más adelante, para reconocer objetos cotidianos.
Todo esto afecta cómo la persona se relaciona con el entorno, y genera una sensación de desconcierto y pérdida de control. Por eso es importante crear un entorno predecible, ordenado y tranquilo, donde cada objeto tenga su lugar.
A nivel emocional
La pérdida de capacidades toca directamente la autoestima. De repente, quien siempre cuidó a los demás necesita ser cuidado. Quien tomaba decisiones debe esperar que las tomen por él o ella. Esto puede despertar sentimientos de tristeza, vergüenza, ansiedad o apatía.
Algunas personas pueden intentar ocultar sus dificultades, otras negarse a recibir ayuda, y otras simplemente se aíslan. Las tres opciones forman parte del proceso emocional que acompaña la enfermedad. Para ellos, la comprensión y la empatía son esenciales, ya que debemos acompañar con respeto, validando sus emociones.
En la persona cuidadora
La pérdida de autonomía de alguien a quien queremos transforma nuestra vida. De un día para otro, las tareas del hogar, las gestiones, la medicación, la higiene o la alimentación pueden recaer en una sola persona. El cuidador o cuidadora pasa a tener una sobrecarga física y emocional, que puede provocar cansancio, estrés, sentimientos de culpa o soledad. Además, muchas veces se deja de lado la propia vida para centrarse en cuidar al otro.
Aunque la enfermedad avance, siempre queda un espacio de autonomía posible, y debemos descubrir qué puede continuar haciendo o eligiendo. Fomentar la autonomía y aceptar su pérdida son dos caras de una misma realidad. Significa respetar los ritmos, no forzar, escuchar y adaptarse. Pero también significa entender que cuidar no es solo atender, sino comprender.
Más información
La pérdida de autonomía afecta a todos los niveles, y nuestra tarea como cuidadores es mirar más allá de la pérdida y descubrir todo lo que aún se conserva. Si quieres saber más, puedes pedir una Acogida gratuita, donde nuestro equipo de profesionales te asesorará.
Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputación de Barcelona.