Cuidar y acompañar a una persona implica atender y entender todas sus necesidades. La sexualidad es una de ellas, y desgraciadamente casi nunca se tiene en cuenta, olvidando que es una parte fundamental de la salud física, emocional y relacional.
Existe el falso mito de que las personas adultas mayores carecen de necesidades sexuales, y nada más lejos de la realidad, es rotundamente falso. Además, en el caso de personas que se encuentran en un proceso de deterioro cognitivo o con diversidad funcional, este tema debe tratarse con una mayor delicadeza. Por estos motivos, en Alzheimer Catalunya Fundació hemos recibido una formación por parte de Francesc Granja, presidente de la Asociación Tandem Team. Nuestro compromiso es ofrecer la mejor atención y cuidados a todas las personas a las que acompañamos cada día!
Edadismo y cultura de la sexualidad: el falso mito
El concepto de sexualidad es un concepto totalmente malentendido a nivel genérico en la sociedad, porque se asocia básicamente con la parte biológica. Desde este punto de vista nosotros entendemos que la sexualidad tiene un triple componente que tiene que ver con la parte biológica, la parte psicológica y la parte social, por tanto, el modelo de sexualidad es un modelo biopsicosocial y no podemos entender la sexualidad sin, por ejemplo, la parte que tiene que ver con los afectos, las relaciones y la comunicación. Por tanto, no hay una sexualidad de personas con demencia, no hay una sexualidad de personas mayores, no hay una sexualidad de personas con una lesión medular. Hay tantas sexualidades como personas, de la misma manera que hay tantas personalidades como personas. Desde este punto de vista, las personas que tienen una afectación cognitiva mantienen su propia sexualidad, lo que ocurre es que su propia condición les afectará a la hora de desarrollarla de una manera o de otra, por tanto, una de las cosas que debemos dejar claras es que la sexualidad es un concepto totalmente individual e irrepetible. Cada uno debe experimentarla con los recursos que tiene.
¿Por qué se desencadena una conducta sexual "inapropiada" en una persona afectada?
Tiene una fácil explicación: la propia condición de la persona, en este caso, las personas con un deterioro cognitivo van desarrollando una serie de comportamientos desinhibitorios donde el componente de constricción y de contención desaparecen por la propia evolución de la enfermedad, y, por lo tanto, esta persona puede llegar a desarrollar conductas de tocamientos, verbalizaciones inapropiadas, exhibiciones, etc., pero eso no quiere decir que esta persona tenga una sexualidad desviada o tenga un comportamiento diferente, sino que simplemente su propia condición le lleva a realizar este tipo de comportamientos. De la misma manera que ponemos recursos para atender otro tipo de comportamientos en otras áreas, en esta área de la sexualidad también se debe hacer lo mismo.
¿Son solo cuestiones físicas que se deben tratar desde el erotismo?
En relación a estas conductas inapropiadas lo que debemos hacer es tratarlas como cualquier conducta inapropiada; si una persona se pone en un comedor a realizar un comportamiento inapropiado todas las intervenciones profesionales para tratar de corregir esta situación se deben aplicar de la misma manera que cuando hay una conducta desinhibitiva o un comportamiento de tocamientos, o de insultos o de abusos verbales. No es necesario atribuir esta cuestión a una disfunción sexual, a un comportamiento totalmente deteriorado sexualmente. Y sí será necesario responder desde el mismo patrón que su entorno (equipo profesional – familia) utiliza en las otras áreas profesionales y vitales.
Como profesional, ¿cómo se puede ayudar a una persona en la que se identifiquen estas conductas?
Bueno, aquí lo que hay que dejar claro es que el profesional o familiar que atienda a esta persona debe sacarse de la cabeza que estas son conductas que hay que prohibir o que hay que reprimir, es decir, cuando una persona muestra una conducta masturbatoria lo que nos está indicando es que aquí hay una necesidad sexual que está insatisfecha. Por lo tanto, las tres cosas que hay que enseñar con los métodos de reeducación que se utilizan para otro tipo de cambios de conducta son tres: que esta conducta no hay que hacerla en este momento; que esta conducta no hay que hacerla en este lugar; y que esta conducta hay que hacerla en unas condiciones de higiene y de privacidad adecuadas.
El profesional o la familia cuando observan por ejemplo una conducta masturbatoria deben aplicar los métodos de cambio conductual con el triple objetivo de enseñar a la persona que estas conductas no hay que hacerlas ni en este momento ni en este lugar sino que hay que hacerlas en otro lugar y otro momento con unas condiciones de higiene y de privacidad dignas. Lo mismo ocurriría con conductas de tocamiento, conductas de abusos verbales, conductas de usos verbales inapropiados con intenciones sexuales.
¿Se necesita formación?
Desde este punto de vista evidentemente podríamos comenzar con una parte más informativa pero sí que es verdad que se necesita una formación. ¿Por qué? Porque precisamente nosotros tenemos en la mente el concepto de sexualidad como una cosa genital, cuando vemos un comportamiento genital le atribuimos un sentido sexual y entonces a partir de aquí existe toda esta malinterpretación: que las personas son unas pervertidas, las personas… Es importante que tanto los profesionales como las familias reciban un mínimo de formación básica para atender este tipo de comportamientos, y no solo este tipo de comportamientos, porque si no volveríamos a centrar la sexualidad como una cosa relativa solamente a estas conductas inapropiadas, sino que la sexualidad tiene muchísimos más componentes que tienen que ver con los afectos, que tienen que ver con el cuerpo, que tienen que ver con las orientaciones sexuales, que tienen que ver con el rol, que tienen que ver con la manera en cómo se viste la persona, cómo va tomando sus propias decisiones, etc. El concepto de sexualidad como decíamos al principio es un concepto muy amplio que no incluye solo la genitalidad o las conductas inapropiadas sino que incluye muchísimos más elementos.
¿Influye la manera particular en que el profesional o el cuidador familiar entiende su propia sexualidad?
Este es el gran mito que hay que destruir en relación a la sexualidad, pero no solo en relación a la sexualidad sino que muchas veces todas las intervenciones que se realizan parten desde un punto de vista de creencias personales. En este sentido, para hacer una intervención en el ámbito de la sexualidad de cada persona hay que intentar tener un mínimo de formación para quitarse los mitos y creencias personales que uno tiene sobre la sexualidad y poder intervenir sobre la persona con trastorno cognitivo o con demencia de una manera totalmente objetiva. La mejor intervención para que cada una de las personas pueda desarrollar su sexualidad de la manera más gratificante y satisfactoria está basada en este punto de partida.
¿El profesional o cuidador familiar debería dar respuesta a una demanda sexual explícita? ¿Cómo?
Lo primero que hay que hacer cuando hay una demanda sexual explícita es analizarla, es decir, lo que se pide no es solo quedarse con la demanda sino intentar hacer un mínimo de preguntas exploratorias para valorar exactamente si lo que esta persona está pidiendo es una demanda sexual y erótica explícita, o está pidiendo por ejemplo algún tipo de atención, o algún tipo de cuidado especial. Una vez se confirma que esta persona ha tenido y tiene esta demanda sexual explícita se puede intervenir de muchas maneras. En primer lugar, se puede intervenir ofreciendo ayudas para que haya una intervención auto-erótica, es decir, que la persona pueda masturbarse por sí misma, y en este sentido será necesario analizar las características funcionales de la persona para saber de qué manera se puede dar apoyo para que esta persona pueda masturbarse o autoerotizarse. En el caso de que la demanda sea una demanda sexual a dos existen múltiples posibilidades que comienzan desde un simple masaje erótico, que se puede contratar con algún profesional externo hasta la figura del acompañamiento íntimo y erótico. Es una figura que ha desarrollado la asociación Tandem Team donde una persona puede recibir la visita de otra persona para hacer un encuentro íntimo y erótico. También la persona puede acceder a un servicio sexual.
¿Qué objetivos deben incorporar los planes de trabajo?
Y en este sentido el modelo de trabajo debe seguir esta triple intervención biopsicosocial: la parte biológica o corporal (de qué manera la persona tiene contacto con su cuerpo, de qué manera la persona toma conciencia de su cuerpo); la parte psicológica (cómo esta persona está demandando una necesidad de apoyo emocional y de contacto con otra persona que repercute en una necesidad psicológica); y la parte social (de qué manera podemos intervenir para que la persona tenga una relación social, se sienta totalmente incorporada).
Estos planes de trabajo se incorporan en el inicio de la vida de la persona en el ámbito residencial o domiciliario y se van desarrollando con diferentes intervenciones, por ejemplo, con talleres, con cine-foros. También se pueden realizar reuniones mensuales en grupos de trabajo o grupos de ayuda mutua. Todas las herramientas que se utilizan en los otros ámbitos también hay que utilizarlas en los ámbitos de la sexualidad, por ejemplo, una cosa que nosotros ofrecemos son los talleres de tacto consciente, donde se realizan talleres para que la persona pueda practicar, pueda tomar conciencia de su cuerpo, y pueda aprender a relacionarse con su sexualidad desde un punto de vista no solo genital sino también a través de los cinco sentidos: el tacto, la vista, el oído, etc.
¿Influye el posicionamiento de las organizaciones ante el abordaje de la sexualidad?
Evidentemente sí que influye, igual que tiene que ver con una falta de información y formación. La sexualidad es un tema tabú, es un tema que se oculta, por este desconocimiento y por esta carga mítica que tiene de asociación con lo genital. El momento en el cual las personas y los profesionales reciben formación e información sobre este modelo biopsicosocial de la sexualidad, desaparecen los mitos y se puede comenzar a trabajar la sexualidad con total normalidad, por tanto, más que un posicionamiento negativo en relación a la sexualidad, lo que hay es un desconocimiento implícito de cómo abordar esta cuestión. La formación es un aspecto fundamental.
¿Es una cuestión transversal a nivel organizativo?
La respuesta es que sí, es decir, la sexualidad no se puede tratar únicamente como una cosa puntual de una persona que hará una reunión mensual, sino en el momento que hacemos por ejemplo una higiene, en el momento en el cual elegimos una manera de vestir, etc. Todas las intervenciones que se hacen con la persona deben tener un respeto absoluto por su intimidad y por su sexualidad, y por tanto, todos los profesionales que intervienen con esta persona deben tener un mínimo de formación para saber atender estas cuestiones. La organización en su conjunto debe tener esta mínima formación.
¿Qué se entiende por sexualidad?
El concepto de sexualidad moderna es el que desarrolló Efigenio Amezúa a mediados del siglo pasado y viene a decir que la sexualidad es un elemento fundamental de la personalidad del ser humano, y que está constituido por tres dimensiones: la dimensión biológica, la dimensión psicológica y la dimensión social, y que por tanto, constituye la identidad de una persona de manera irrepetible y única. La sexualidad no es solo un elemento genital, sino que es un elemento fundamental en el desarrollo de la personalidad.
A la hora de desarrollar este modelo Amezúa utiliza tres dimensiones: el concepto de sexuación, el concepto de sexualidad y el concepto de erótica, cada una de estas dimensiones alude a una serie de subdimensiones.
El concepto de sexuación alude al concepto de corporalidad y al concepto de identidad sexual, es decir, tiene que ver con la idea que cada uno de nosotros tenemos sobre lo que somos como hombres o mujeres y tiene que ver también con el concepto de corporalidad: cómo es nuestro cuerpo y cómo son los cuerpos de los demás. Esta primera parte tiene que ver con la identidad sexual, soy hombre, soy mujer, o soy agénero, y aquí también entraríamos en este debate de género que se extiende. En la segunda dimensión de la sexuación, el concepto del cuerpo biológico.
La segunda dimensión del hecho sexual humano es la sexualidad, y aquí Amezúa nos habla de dos subdimensiones: la subdimensión de la orientación sexual, que tiene que ver con la homosexualidad, la heterosexualidad o la asexualidad; y en segundo lugar con el rol sexual, es decir, de qué manera nosotros nos presentamos a la sociedad como hombres o como mujeres. Podemos hablar de un aspecto más masculino, de un aspecto más femenino o de un aspecto más andrógino.
La tercera dimensión del hecho sexual humano es la erótica, en este sentido Amezúa incluye en la erótica todo lo que tiene que ver con las conductas, que sería lo que tradicionalmente se conoce en el mundo como sexo, pero también incluye las fantasías y los deseos. No nos olvidemos tampoco de estas dimensiones porque fantasías y deseos forman parte de la sexualidad. Cuando una persona tiene una fantasía está teniendo una actividad erótica y por tanto eso también hay que tenerlo en cuenta. Por tanto, sexuación, sexualidad y erótica, tres dimensiones del hecho sexual humano, cada una con sus propias subdimensiones.