La vida y la muerte van unidas, forman parte de un mismo proceso, del cual todos los seres vivos formamos parte, incluidas las personas.
Como Técnicos en apoyo que acompañamos a las personas hasta el final de sus vidas, nos hemos dado cuenta de la complejidad del tema, por las resistencias que se nos genera como personas que también somos, tanto por la parte ética como la emocional.
Acompañamos a morir en concordancia con la historia de vida de cada persona, proporcionando calidad de vida y de muerte. Si acompañamos a morir es porque la persona aún está viva y, por lo tanto, debemos asegurar y proteger la calidad de vida en la etapa final, incluida la muerte digna, acercándonos a la persona y defendiendo sus intereses.
Teniendo en cuenta que, los factores que determinan la calidad de vida son: el bienestar emocional, el desarrollo personal, la autodeterminación, las relaciones interpersonales, la inclusión social, los derechos y el bienestar físico y material. En la etapa final de vida también se deben cumplir estos factores y, muchas veces, nos encontramos que debemos tomar decisiones en nombre de la persona, sobre el tratamiento y la atención.
Pero como cada persona es un proceso único y la muerte debe encajar con su vida. Nuestro deber es investigar para conocer su historia vital, creencias, deseos, ayudar a resolver ciertas situaciones o "episodios pendientes", y las últimas voluntades, hayan sido o no formalizadas.
Por todo esto, es muy importante tener la información por adelantado de los deseos, la historia de vida y de lo que quiere la persona (últimas voluntades). Si se puede, lo hacemos directamente con la persona, con honestidad, ayudándola a pensar sobre los planes para su etapa final de vida, trabajando sus últimas voluntades y preferencias para poder cumplir/respetar el deseo de la persona. Y es muy importante la creación de empatía, desde el respeto y la estima, dando valor a toda una experiencia de vida y potenciando su dignidad.
Reflexiones
Acompañar en la última fase de vida significa compartir el mundo más íntimo de la persona, sus sentimientos, sus emociones, muchas veces no son necesarias las palabras, el "estar" te permite conectar con lo más esencial de la vida y, paralelamente, construir un sentido para el enfrentamiento a la muerte. Creemos profundamente que cada persona es única e irrepetible, no es fácil poner palabras a cada experiencia, cada situación, cada momento vivido.
«Durante la vida no queremos estar solos, por eso, cuando llega la muerte queremos estar acompañados de otra persona que nos dé la fuerza para marchar de este mundo.» (Reyes Gastó).
En nuestro caso, acompañar en el último momento de la persona también es un "estar", una mirada, un "aquí estoy, no estás solo", una caricia, un beso, un abrazo, mojarle los labios, un masaje suave.
«Presenciar la muerte de tan cerca, me hace recordar a todos aquellos que han partido en mi vida privada y profesional. La visión es muy diferente en un caso y en el otro, pero todas ellas me han hecho ver que la vida es muy corta y la desaprovechamos con discusiones, rencores y malas experiencias que solo nos generan situaciones «pendientes» en nuestra vida. Nadie de nosotros sabe cuándo será el momento de partir y en este "corto" recorrido de vida deberíamos poder valorar los buenos momentos, a las personas que lo han hecho posible y dar las gracias en este aprendizaje continuo con fecha de caducidad. Nada tiene importancia, solo el amor importa, sentirse amado y rodeado de los que te quieren» (Ana Salés).
A veces, las situaciones pendientes no se pueden evitar, tanto por parte de la persona que se va como por parte de la que aún no. Nadie de nosotros sabe cuándo será el momento de partir y en este "corto" recorrido de vida deberíamos poder valorar los buenos momentos, a las personas que lo han hecho posible y dar las gracias en este aprendizaje continuo con fecha de caducidad.
«…¿Cómo vivir si sé que debo morir? Reconciliándote con la vida. Piensa que has colaborado con la vida, que has dejado tu huella, has aportado obras, emociones que darán frutos. El amor nunca muere. Perdona, no te juzgues. Lo has hecho lo mejor que has podido y estate contento.» (Romina Figueredo).
La gratitud por mi vida, agradecer por la oportunidad de haber tenido esta vida, por la buena experiencia vivida y no tan buena, y por lo que en el presente me sucede, abrazar mi propia vida, amar y aceptarla para que pueda abrir la puerta al proceso final de vida en paz.
Enfrentarse a la muerte es duro, aprendamos a vivir la vida y a decidir cómo queremos morir.
Autores: Reyes Gastó, Ana Salés y Romina Figueredo — Equipo de Técnicos en apoyo a la persona.