Cuando una persona recibe un diagnóstico de Alzheimer, es normal que surjan muchas dudas sobre cómo cambiará su día a día y qué apoyos necesitará. Una de las preocupaciones más habituales de las familias es si llegará un momento en que no podrá continuar viviendo en casa.
Pensar en una residencia no siempre es fácil. Puede generar miedo, incertidumbre o la sensación de tener que tomar una decisión para la cual aún no se está preparado. Pero una residencia no es la única opción. Hay diferentes recursos que pueden ayudar a mantener a la persona en su entorno habitual y a organizar los cuidados de una manera más ajustada a sus necesidades.
Cada situación es diferente. Por eso, antes de tomar una decisión, es importante conocer las alternativas y valorar cuál puede funcionar mejor para la persona y su familia.
Continuar viviendo en casa con los apoyos necesarios
Para muchas personas, su casa es mucho más que una vivienda. Es donde han vivido buena parte de su vida, donde tienen sus recuerdos y donde se sienten familiarizadas con las rutinas diarias. Mantener este entorno puede aportar tranquilidad, especialmente cuando comienzan a aparecer dificultades de memoria o desorientación.
Siempre que se puedan garantizar unos cuidados adecuados, continuar en casa puede ser una buena opción. Ahora bien, quizás será necesario incorporar algunos apoyos para que la persona esté bien atendida y la familia no tenga que asumir toda la responsabilidad.
El servicio de ayuda a domicilio (SAD)
El servicio de ayuda a domicilio ofrece apoyo profesional en las actividades diarias, como la higiene personal, el vestido, las comidas o la movilidad. Según el servicio, también puede incluir algunas tareas domésticas.
Este apoyo puede ser público o privado. Para acceder al servicio público, es necesario consultar los servicios sociales básicos del municipio, que pueden informar sobre los requisitos y las condiciones de acceso. Si la persona tiene reconocida la situación de dependencia, también se puede valorar si el SAD se incluye en su Programa Individual de Atención (PIA). El acceso depende de la valoración y de los requisitos establecidos, y puede conllevar una aportación económica.
La opción privada permite contratar a una persona cuidadora directamente o a través de una empresa. Puede ser útil cuando se necesitan más horas de atención o cuando el servicio público no cubre todas las necesidades.
Los cuidados se pueden organizar de diferentes maneras: unas horas por la mañana para ayudar a la persona a levantarse y vestirse, acompañamiento mientras la familia trabaja o, si se necesita más apoyo, una jornada más larga. También se puede valorar la contratación de una persona cuidadora interna, que resida en el domicilio.
En el caso del Alzheimer, es importante que la persona cuidadora conozca la enfermedad y entienda los cambios que puede conllevar. La paciencia, el respeto por los hábitos y una forma de hacer adaptada a cada persona son fundamentales. Si, además, se puede mantener una cierta continuidad con la misma persona cuidadora, es más fácil crear un vínculo de confianza.
La teleasistencia como apoyo complementario
La teleasistencia permite contactar con profesionales en caso de necesidad, habitualmente mediante un dispositivo conectado a un centro de atención y un colgante o una pulsera para pedir ayuda.
Puede aportar tranquilidad a la persona y a la familia, especialmente cuando la persona vive sola o pasa algunas horas sin compañía. Sin embargo, en el caso del Alzheimer, es necesario valorar si entiende cómo funciona el dispositivo y si puede utilizarlo cuando lo necesita. Algunos servicios disponen de modalidades adaptadas a determinadas necesidades.
La teleasistencia puede complementar la ayuda a domicilio, pero no sustituye la presencia de una persona cuando se necesita supervisión o ayuda directa. Por eso, es importante valorar si este recurso es adecuado para la situación concreta.
Adaptar el hogar para facilitar el día a día
A veces, pequeños cambios en casa pueden facilitar mucho las actividades cotidianas. Retirar alfombras u obstáculos, mejorar la iluminación, colocar los objetos habituales en lugares accesibles o instalar agarradores en el baño son algunas medidas que pueden ayudar a prevenir riesgos.
También es recomendable mantener los espacios ordenados y evitar cambios innecesarios en la distribución de los muebles. El objetivo no es transformar la casa, sino hacerla más segura sin perder aquello que la hace familiar.
Antes de decidir si la persona puede continuar viviendo en casa, es necesario valorar si puede estar sola durante determinados períodos, cuánta supervisión necesita y si los apoyos disponibles son suficientes. También hay que tener en cuenta las posibilidades reales de la familia. Las ganas de mantener a la persona en casa son importantes, pero hay que poder garantizar una atención adecuada.
Los centros de día: atención profesional sin dejar de vivir en casa
Los centros de día ofrecen atención durante una parte del día a personas que continúan viviendo en su domicilio, pero necesitan apoyo y supervisión.
Pueden participar en actividades de estimulación cognitiva, talleres, ejercicios de movimiento y propuestas adaptadas a sus capacidades. También disponen de espacios de relación con otras personas y de una rutina que puede ayudar a mantenerse activas y acompañadas.
Para las familias, este recurso puede facilitar la conciliación con el trabajo y otras responsabilidades. Saber que la persona está atendida durante unas horas también permite disponer de tiempo para hacer gestiones o descansar.
Hay plazas públicas, concertadas y privadas. Las plazas públicas y concertadas tienen unos requisitos de acceso y dependen de la valoración y de la disponibilidad. El reconocimiento de la dependencia puede permitir valorar el acceso a este recurso a través del PIA, pero no garantiza automáticamente una plaza. También puede haber una aportación económica.
Las plazas privadas se contratan directamente con el centro y el costo depende de los servicios que ofrece. Pueden ser una alternativa cuando se necesita una incorporación más rápida o no hay plazas públicas disponibles, siempre que el costo sea asumible. En determinadas circunstancias, también se puede consultar si se cumplen los requisitos para acceder a una prestación económica vinculada al servicio.
Antes de elegir un centro, es importante valorar cómo vive la persona los desplazamientos y los cambios de rutina. No todas las personas se adaptan igual a un centro de día. Si necesita supervisión continuada o un nivel de atención que el centro no puede ofrecer, puede ser necesario buscar otros apoyos o combinar diferentes recursos.
Combinar recursos para encontrar una solución más ajustada
No siempre es necesario elegir una única opción. En algunos casos, combinar diferentes servicios permite organizar mejor los cuidados y adaptarlos a las necesidades de cada momento.
Por ejemplo, una persona puede ir al centro de día unos cuantos días a la semana y tener ayuda a domicilio por la mañana o por la tarde. De esta manera, puede recibir atención durante el día y disponer de apoyo para las actividades que le resultan más difíciles en casa.
También se puede comenzar con unas horas de ayuda a domicilio y ampliarlas si la situación cambia. La clave es valorar qué necesita realmente la persona y qué recursos se pueden asumir, tanto económicamente como en la organización familiar.
A medida que el Alzheimer evoluciona, puede ser necesario revisar esta organización. Un apoyo que al principio es suficiente puede dejar de serlo más adelante. Por eso, conviene observar cómo se encuentra la persona y si la familia puede continuar asumiendo los cuidados sin un desgaste excesivo.
Estancias temporales y servicios de respiro familiar
Cuidar a una persona con Alzheimer puede implicar una dedicación importante y, en algunos momentos, la familia puede necesitar un descanso o apoyo adicional. Las estancias temporales en una residencia y otros servicios de respiro familiar pueden ayudar en estas situaciones.
Estos recursos permiten que la persona esté atendida durante un período limitado, mientras que la familia dispone de tiempo para descansar, resolver cuestiones personales o afrontar circunstancias que dificultan temporalmente los cuidados.
Es importante preparar a la persona para la estancia tanto como sea posible y valorar cómo puede vivir el cambio de entorno. Mantener algunos hábitos y objetos familiares puede facilitar la adaptación.
Pedir este tipo de apoyo no significa que la familia no pueda más o que esté haciendo las cosas mal. Descansar también forma parte de cuidar. Ahora bien, si las dificultades para mantener la atención en casa son constantes, será necesario valorar qué apoyos estables pueden ser necesarios.
¿Cómo saber qué opción es la más adecuada?
Ante tantas posibilidades, es normal no saber por dónde empezar. Para valorar qué alternativa puede encajar mejor, conviene tener en cuenta:
- Las necesidades de la persona: qué actividades puede hacer sola, qué ayuda necesita y si requiere supervisión continuada.
- La seguridad en casa: si la vivienda es adecuada y si se pueden reducir los riesgos con adaptaciones y apoyos.
- La situación familiar: qué disponibilidad tienen los familiares y si pueden repartir las tareas de cuidado.
- Los recursos económicos: qué costo tienen los servicios y si se puede acceder a ayudas o prestaciones.
- Las preferencias de la persona: siempre que sea posible, hay que escucharla y tener en cuenta sus hábitos y lo que le aporta tranquilidad.
En definitiva, no se trata de encontrar una solución perfecta, sino una que responda a las necesidades reales de la persona y que la familia pueda mantener.
Pedir ayuda también forma parte de cuidar
Las necesidades de una persona con Alzheimer pueden cambiar con el tiempo. Lo que hoy funciona puede dejar de ser suficiente más adelante, y eso no significa que la familia haya hecho nada mal. Significa que es necesario adaptar los cuidados a una nueva situación.
Conocer las alternativas permite tomar decisiones con más información y entender que no todo depende de una única persona ni de un solo recurso. En algunos casos, será posible continuar en casa con los apoyos adecuados; en otros, será necesario combinar servicios o valorar una opción con más supervisión.
También es importante tener presente el bienestar de quien cuida. El cansancio y la preocupación se pueden acumular, especialmente cuando resulta difícil compaginar los cuidados con el resto de responsabilidades. Pedir ayuda no es abandonar a la persona querida, sino buscar la manera de continuar cuidándola en las mejores condiciones posibles.
Cada familia debe encontrar su camino, con información y acompañamiento. Lo importante es que la persona con Alzheimer reciba una atención adecuada y que tanto ella como la familia dispongan de los apoyos necesarios. Si estás pasando por una situación complicada, podemos ayudarte. Pide una Primera Conversación con nuestro equipo y deja que te asesoremos para encontrar los recursos más adecuados para tu familia.
¡Últimos artículos del blog!
Continúa leyendo sobre el Alzheimer y otras demencias.