
Un sueño de calidad es necesario para nuestro bienestar, pero en personas con Alzheimer u otra demencia, los problemas de sueño son frecuentes y pueden afectar tanto a la persona diagnosticada como a quien lo cuida.
Sin embargo, no todos los trastornos del sueño tienen el mismo origen ni deben atribuirse automáticamente a la demencia. Identificar la causa es el primer paso para poder actuar de manera adecuada.
¿Por qué una persona con Alzheimer puede dormir peor?
Las alteraciones del sueño en personas con Alzheimer pueden tener múltiples causas, que a menudo se combinan entre sí.
Algunas están relacionadas con los cambios que la enfermedad produce en el cerebro, especialmente en las áreas que regulan los ritmos circadianos, es decir, el reloj biológico que organiza los periodos de sueño y vigilia. Estas alteraciones forman parte de la evolución de la enfermedad y no siempre se pueden evitar. Algunos factores pueden ser controlados, como tener una rutina irregular, poca exposición a la luz natural, hacer actividad física insuficiente o un ambiente poco adecuado para dormir. Pero también hay causas que requieren una valoración sanitaria, como el dolor, la necesidad frecuente de orinar durante la noche, la ansiedad, la depresión, los efectos secundarios de algunos medicamentos u otros trastornos del sueño.
Si las dificultades para dormir aparecen de manera repentina, empeoran de forma importante o van acompañadas de otros cambios en el estado de salud, es recomendable consultar con el equipo sanitario para identificar la causa y valorar el tratamiento más adecuado.
¿Qué problemas de sueño son más habituales?
Cada persona es diferente, pero algunos de los trastornos más frecuentes son:
- Dificultad para coger el sueño.
- Despertarse repetidamente durante la noche.
- Llevarse muy temprano sin poder volver a dormir.
- Somnolencia excesiva durante el día.
- Confusión o agitación durante el atardecer o la noche.
En algunos casos también puede aparecer el fenómeno conocido como síndrome vespertino (sundowning), caracterizado por un aumento de la confusión, la inquietud o la agitación al final de la tarde o por la noche.
Estrategias que pueden ayudar a mejorar el descanso
No existe una solución única que funcione para todos, pero varios hábitos pueden contribuir a favorecer un sueño de mejor calidad.
- Mantener una rutina estable
Intentar que la persona se lave, coma y vaya a dormir aproximadamente a la misma hora cada día ayuda a reforzar los ritmos circadianos.
- Favorecer la exposición a la luz natural
La luz solar es uno de los principales reguladores del reloj biológico. Siempre que sea posible, es beneficioso salir a pasear o pasar un rato en el exterior durante la mañana o las primeras horas de la tarde.
- Fomentar la actividad física durante el día
La actividad física adaptada a las capacidades de la persona puede contribuir a un mejor descanso nocturno.
- Hacer uso de ayudas técnicas
Se pueden instalar puntos de luz en el pasillo para indicar el camino al lavabo, barandilla, cama móvil, etc., para asegurar la seguridad de la persona si se levanta por la noche. Es importante consultar cualquier tipo de ayuda técnica con un profesional.
- Crear un ambiente tranquilo antes de ir a dormir
Las rutinas relajantes pueden facilitar la transición hacia el descanso:
- Reducir el ruido
- Mantener una temperatura confortable
- Evitar una iluminación excesiva
- Establecer actividades tranquilas antes de ir a la cama
- Utilizar aceites esenciales o música
- Limitar las migajas largas
Instruir un rato después de comer puede ser beneficioso para algunas personas, pero las migajas muy largas o a última hora de la tarde pueden dificultar el sueño nocturno.
- Revisar posibles factores que interrumpen el sueño
Antes de asumir que los despiertos forman parte de la demencia, conviene valorar si existen otras causas, como dolor, restregamiento, necesidad frecuente de orinar, efectos secundarios de algunos medicamentos o ruidos o luz durante la noche.
Si se detecta alguno de estos factores, es importante comentarlo con los profesionales sanitarios.
También hay que cuidar el descanso de la persona cuidadora
Las alteraciones del sueño afectan a menudo a toda la familia. Cuando los despiertos nocturnos se mantienen durante semanas o meses, es habitual que la persona cuidadora acumule cansancio, estrés y dificultades para mantener su propia salud.
Pedir apoyo a otros familiares, a los servicios de atención domiciliaria o a los recursos de respiro familiar puede ser una medida necesaria, no un signo de debilidad. Si necesitas más estrategias o quieres conocer a otras personas en una situación similar, te invitamos a venir a nuestros grupos de apoyo para familiares.
