Hacia el buen trato profesional

El buen trato hacia las personas mayores más vulnerables nos interpela a hacer una reflexión profunda sobre cómo podemos cambiar nuestra mirada como profesionales. Precisamente, la manera de relacionarse con la persona atendida marcará la intervención y el vínculo que construiremos juntos. Por ello, hay que tener en cuenta que el buen trato profesional va más allá de una realización correcta de la tarea técnica.

¿Cómo es nuestro día a día?

Os ponemos algunos ejemplos habituales que nos podemos encontrar en nuestra práctica diaria.

1 Las personas mayores a menudo son atendidas en situaciones que consideramos muy íntimas para la dignidad humana como el momento del baño. El profesional debe ser consciente de la situación y debe propiciar un ambiente cálido y de seguridad, un respeto a la identidad de la persona, a su cuerpo y en su historia de vida. De este modo se conseguirá un que la persona a la que se acompaña se sienta bien tratada.

2 El traslado del domicilio particular a una residencia. Este proceso genera mucho estrés por la persona, su entorno más cercano y para los profesionales que realizan este traslado. En esta situación, hay que priorizar sus emociones y sentimientos y su expresión. También será necesario calcular el nivel de apoyo y empatía que necesita y proporcionarle.

3 Prohibir determinadas prácticas. En momentos vitales de gran malestar la persona puede realizar prácticas desafiantes y transgresoras que, en un entorno «normativo» y «social» se puede responder desde la prohibición o el estigma. Unas prácticas que responden a una vía de comunicación de la persona para mostrarnos que no está bien y necesita ayuda.

¿Qué debemos tener en cuenta?

Confianza

Para seguir avanzando hacia un buen trato también hay que tener en cuenta la confianza. ¿Quién debe confiar en quién? ¿La persona a la que se acompaña en el profesional? ¿O al revés? La confianza se establecerá invirtiendo la dirección que se ha establecido como habitual. «Tú, persona, no eres quien tienes que confiar en mí, soy yo el que tengo que ver tu potencial y ayudarte, acompañarte en todo lo que necesites. Soy yo el que tengo que confiar en ti «.

Descompresión

Los profesionales, muchas veces, podemos encontrarnos con dos tipos de presiones:

  • Las presiones externas que ejercen el entorno de la persona como son los familiares, amigos, vecinos, entre otros.
  • Las presiones internas que están marcadas por la manera de entender el ejercicio profesional, la del equipo o la de la propia organización.

Ante estas presiones, los profesionales pueden llegar a la convicción de que «no se puede hacer nada». Una creencia que generaría frustración, desmotivación y tristeza.

Por eso es importante generar espacios de reflexión, de construcción y de puesta en común.

¿Cómo generar espacios de reflexión, de construcción y de puesta en común?

Estos se pueden dar en:

  • Espacios internos: para definir la misión, visión y valores de nuestra organización y los que seguirán los equipos de trabajo. Estos deben ser espacios vivos donde se pase de informar a buscar estrategias para que las personas a las que se acompañen pasen a ser el eje central de la acción.
  • Espacios externos: que se compartirán con el entorno de la persona como la familia y otros profesionales. De este modo, se podrá establecer un trabajo en red para hacer frente a situaciones complejas y dar respuestas a las necesidades de la persona.

Por último, no hay que olvidar incorporar la persona y su entorno en la toma de decisiones, sean cuales sean. Este espacio servirá para incorporar todos los puntos de vista y generar un espacio para llegar a acuerdos desde la negociación.

Paqui Gómez
Jefa del Área Social