Entre las terapias más practicadas con personas con Alzheimer se encuentra la Estimulación Cognitiva (EC), un tipo de terapia que incluye el entrenamiento en actividades de la vida diaria, terapia artística y gerontogimnasia. La práctica de la EC tiene grandes beneficios, como mejoras en la plasticidad cerebral y la calidad de vida del paciente.

A continuación, explicamos cómo implementar actividades de EC desde casa con el objetivo de potenciar y ejercitar los procesos cognitivos que aún se conservan en un adulto mayor.

1. Tareas domésticas

La primera recomendación es hacer participar a la persona afectada en las tareas cotidianas. A veces es necesario simplificarlas para que el familiar las entienda, las realice y las pueda incorporar a su rutina.

Entre las actividades de tareas domésticas podemos encontrar: poner la mesa, ordenar los armarios, cocinar, regar y cuidar las plantas, tener un pequeño huerto, pasear y cuidar las mascotas…

Si, por ejemplo, a la persona en cuestión le gusta la jardinería, será una oportunidad para trabajar activamente regiones del cerebro que se conectan con las emociones y los sentidos como el olfato. El olfato, de hecho, es uno de los primeros en verse afectado por el deterioro cognitivo, y cuidar de plantas aromáticas permitirá despertar conexiones a partir de los recuerdos y las experiencias sensoriales que se desarrollan durante todo el proceso de plantar, regar, ver crecer, recolectar, oler y saborear.

2. Recuperar aficiones

Animar a la persona a realizar actividades que siempre le hayan gustado y que hayan sido aficiones, como realizar trabajos manuales, leer el periódico o revistas de viajes, pintar, coser, juegos de mesa, también es una buena manera de estimular la EC en el hogar.

Dentro de estos pasatiempos también podemos encontrar el ejercicio físico (gerontogimnasia) o cursos que se realicen de manera rutinaria 1 o 2 veces por semana. Asistir a cursos o talleres semanales fuera de casa fomenta las relaciones sociales, lo cual es muy positivo, ya que debemos intentar evitar el aislamiento social de la persona afectada y de su entorno cuidador siempre que sea posible.

Debemos tener en cuenta que debido a las dificultades físicas y cognitivas que irán apareciendo, la autonomía en el desarrollo de las actividades de la vida diaria del familiar se verá reducida. Incluso tareas que siempre había realizado, como cocinar. Si ese es el caso, practicar recetas en familia puede ayudar a trabajar y fomentar las capacidades residuales y aumentar la autoestima. Así, de la realización de un plato extraeremos beneficios físicos, cognitivos y emocionales.

3. No forzar la resistencia

Si encontramos resistencia a alguna actividad por parte del familiar, no debemos forzarlo a realizarla. Debemos recordar que deben ser actividades que le gusten a la persona afectada, que sean afines a sus intereses y gustos y que exista una predisposición previa a hacerlas.

También debemos ser muy cuidadosos y evitar sugerir actividades que estén fuera del alcance de la persona en cuestión. De esta manera, minimizaremos los errores y podremos centrarnos en reforzar positivamente los éxitos.

4. A su ritmo

Cuando nos disponemos a acompañar la realización de una actividad o nos vemos involucrados en la explicación de alguna rutina nueva, siempre debemos respetar el ritmo de la persona afectada. De esta manera, se sentirá escuchada y atendida por quien le acompaña, reduciendo la posibilidad de cuadros de ansiedad y confusión.

Además, debemos fomentar la autonomía del familiar en las actividades propuestas. En este proceso habrá errores y se debe permitir que los reconozcan, los comprendan y los solucionen por sí mismos.

5. Estimular la conversación

Será interesante también evocar el pasado a través de conversaciones sobre recuerdos y momentos emocionales. Esta actividad se puede realizar durante la sobremesa de una comida o cena, un espacio para reforzar el vínculo emocional-social y aumentar la autoestima.

Para estimular la conversación, debemos tener en cuenta cómo nos comunicamos: en primer lugar, debemos propiciar un entorno sin ruidos extraños y sin multitudes. No debemos mostrar impaciencia; es muy importante dedicar el tiempo necesario para escuchar y comprender las necesidades específicas de la persona. Es posible que las preguntas que hagamos durante esta conversación desencadenen un hilo de pensamiento que confunda a la persona afectada; en estos casos, debemos repetir la pregunta y mostrarnos comprensivos y afectuosos. Tomar la mano de la persona y hacerla partícipe de que está acompañada en este proceso evitará la frustración y la incomodidad.

Desde la Fundación Alzheimer Catalunya os invitamos a consultar nuestro servicio de Acogida, donde los especialistas os explicarán todos nuestros servicios y cómo podemos acompañaros en el proceso posterior a un diagnóstico.