Píndola de Conecimiento. Cuando hablamos de buenas prácticas nos referimos a todos aquellos conceptos relacionados con la atención a las personas dependientes que se deben de tener en cuenta para poder definir y llevar a cabo proyectos de intervención basados en el respeto y el reconocimiento de la dignidad de la persona que se atiende. Se trata de busca una mirada más consciente.

En psicología, esta perspectiva se enmarca dentro de la psicología humanista, que propone el estudio del ser humano entendiéndolo como un ser consciente, intencional, en constante desarrollo.

Siguiendo esta teoría, en el cuidado de personas con Alzheimer y otras demencias, hay que tener en cuenta:

  • La historia de vida y las preferencias de la persona atendida: quién es y quien ha sido, donde ha nacido, vivido y desarrollado su vida hasta entonces. Cuáles son sus gustos y sus actividades preferidas. Como y donde quiere vivir, qué tareas quiere desarrollar porque se siente más cómodo y/o motivado/da.
  • Reconocer a la persona y su singularidad: tener en cuenta su entorno, la capacidad de decidir, la necesidad de auto-realización y de creatividad en el día a día. Atenderla entendiendo que es una persona diferente y valiosa.

Para las personas cuidadoras, tanto familiares como profesionales, es importante tener en cuenta este enfoque para aprender a hacer un acompañamiento mejor siguiendo los deseos de la persona atendida, no de aquello que el cuidador considera que es mejor.

Hablar de buenas prácticas también es evidenciar, atendiendo a posibles riesgos, conflictos y dificultades que si no se resuelven ponen en peligro el bienestar y la calidad de vida de las personas afectadas, tales como: el negativismo, la agresividad física y los comportamientos violentos, las alucinaciones y los delirios, la alteración del lenguaje y la irritabilidad.

Hay que tratarlos, como decíamos, desde una comprensión empática, digna y sincera siguiendo algunos de los conceptos que ya hemos mencionado:

  • Calidez: demostración de afecto, estimación, ternura y preocupación por la persona.
  • Apoyo: proporcionar confort y seguridad.
  • Respeto: tratar a la persona como un miembro de la sociedad valioso, reconociendo su experiencia y edad.
  • Ritmo adecuado: reconocer la importancia de ayudar a crear un ambiente relajado.
  • Aceptación: establecer una relación basada en una actitud de aceptación y visión positiva del otro.
  • Celebración: reconocer, apoyar y disfrutar de las habilidades e hitos de una persona.
  • Autenticidad: mostrarse sincero y abierto con las personas, con sensibilidad hacia sus necesidades y sus sentimientos.
  • Validación: reconocer y apoyar a la realidad de la persona.
  • Empoderamiento: delegar el control y ayudar a la persona a descubrir o utilizar las habilidades y aptitudes que tiene.
  • Facilitación: calcular el nivel de apoyo que requiere la persona y proporcionarlo.