
La desorientación nocturna es un fenómeno común en personas con demencia que provoca confusión, ansiedad y alteraciones del sueño. Esta situación puede ser estresante tanto para la persona afectada como para sus cuidadores. En estas situaciones, contar con estrategias adecuadas puede marcar la diferencia y contribuir a una convivencia más tranquila y segura.
1. Proteger a la persona
Durante la noche, la carencia de luz y la desorientación pueden provocar accidentes que pongan en peligro la persona con demencia. Por eso, es fundamental crear un entorno seguro que reduzca estos riesgos. Hay que asegurarse que el espacio esté libre de obstáculos que puedan causar caídas. También es recomendable bloquear el acceso a escaleras y puertas que puedan conducir al exterior, así como garantizar que productos peligrosos, como medicamentos o detergentes, estén fuera de su alcance. Así mismo puede resultar eficiente la instalación de barandillas o sensores, que pueden ofrecer una sensación de protección y de más tranquilidad para los cuidadores.
2. Añadir elementos de orientación
Cuando la percepción del tiempo y el espacio se ve alterada, hay pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia en su capacidad de situarse: mantener una iluminación tenue en la habitación y al baño durante la noche puede ayudar a evitar confusiones y generar sensación de seguridad, y los relojes digitales con información clara y sencilla sobre la hora y la fecha pueden servir como referencia para situar la persona en el momento del día.
3. Validar su angustia
Cuando una persona con demencia se despierta desorientada, puede experimentar momentos de confusión y angustia que a menudo se traducen en actitudes nerviosas. En estos casos, la mejor manera de actuar es escucharla con paciencia y mostrar empatía hacia sus emociones. Utilizar un tono de voz suave y cariñoso puede ayudar a calmarla, mientras que evitar corregirla cuando expresa una percepción errónea de la realidad puede prevenir una escalada de su ansiedad. Expresarse con frases cortas y sencillas facilita la comunicación y permite que el mensaje se transmita de manera clara. Crear un ambiente de seguridad emocional es esencial para conseguir que la persona se relaje y pueda volver a coger el sueño.
4. Situarla en el tiempo
Las dificultades para planificar y secuenciar actividades pueden generar inseguridad y problemas para gestionar situaciones cotidianas. Para minimizar esta problemática, es recomendable anticiparse a las dudas y ofrecer explicaciones claras sobre lo que pasará a continuación. Por ejemplo, en vez de simplemente decir que vaya a dormir, se puede utilizar una explicación más detallada como, por ejemplo: “Es por la noche, estamos en casa, ahora iremos a la cama y por la mañana almorzaremos juntos.” Este tipo de recordatorios no solo ayudan a situarse, sino que también proporcionan una sensación de continuidad y rutina.
5. Crear rutinas
Establecer rutinas puede ser una de las mejores estrategias para garantizar un descanso reparador y evitar interrupciones nocturnas innecesarias. Mantener un horario fijo para ir a dormir cada noche puede ayudar a regular el ritmo circadiano y reducir la frecuencia de los episodios de desorientación. También es recomendable fomentar la actividad física durante el día para favorecer el cansancio natural y facilitar el sueño. Otras consideraciones como evitar bebidas estimulantes por la tarde o asegurarse que se vaya al baño antes de ir a dormir pueden contribuir a un descanso más profundo y continuo. Además, hay que prestar atención a factores ambientales como la temperatura y los ruidos, puesto que un entorno demasiado frío, caluroso o ruidoso puede provocar despertares innecesarios.
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Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputació de Barcelona.

