Píndola de Conocimiento. Cuando nos hablan de demencia, lo primero que nos viene a la cabeza suele ser la pérdida de memoria y la enfermedad de Alzheimer.  No obstante, existen muchas otras causas de demencia, tanto reversibles (enfermedades víricas, problemas metabólicos…) como no reversibles (enfermedades neurodegenerativas como la demencia vascular, Cuerpos de Lewy, demencia fronto-temporal, afasia progresiva primaria…), cada una con síntomas y evoluciones diferentes. Ante esto ¿Por qué el diagnostico que más se suele escuchar es el de Alzheimer y no tenemos información sobre el resto de las demencias?

Dentro del campo investigativo se realizan día a día grandes esfuerzos por brindar un diagnóstico más exacto y precoz, principalmente basándose en el uso de biomarcadores en líquido cefalorraquídeo (LCR) y cada vez más en sangre. No obstante, estos biomarcadores también pueden estar presentes en el envejecimiento normal o en otros tipos de enfermedades neurodegenerativas, sin contar que en muchas ocasiones se dan demencias mixtas (cuando coinciden varios tipos de enfermedades neurodegenerativas, como la demencia vascular y el Alzheimer).

Por otra parte, existen síntomas sutiles y similares que coexisten en diferentes demencias, lo que dificulta una diferenciación diagnostica entre demencias.

En consecuencia, a pesar de que el Alzheimer es el tipo de demencia más frecuente, en más ocasiones de las que creemos se etiqueta de Alzheimer a otras demencias, o se hace un diagnóstico inexacto. Esto provoca que los familiares no entiendan algunos de los síntomas al no ser los esperados según el diagnóstico, no se haga un buen pronóstico de la evolución de la enfermedad y no se proporcione el tratamiento y la intervención social y familiar necesaria.

 

La evaluación neuropsicológica

En este punto entra la importancia de la evaluación neuropsicológica, no solo para una mejor orientación diagnóstica y diagnostico diferencial, sino para conocer el estado cognitivo de la persona, cosa que permite abordar la enfermedad de forma más oportuna acorde a las necesidades y síntomas de cada persona, mejorando la autonomía y la calidad de vida de la persona diagnosticada y de sus familiares.

Una buena intervención psicológica y neuropsicológica permitiría a la persona afectada y su familia entender los diferentes cambios cognitivos, conductuales y emocionales que se generan desde las primeras fases de cualquier enfermedad neurodegenerativa y de tal manera poder realizar intervenciones terapéuticas que permitan un mejor afrontamiento emocional, familiar y social de la enfermedad.

Por todo lo anterior se concluye que, si bien son necesarias las investigaciones en técnicas de biomarcadores que permitan tener diagnósticos cada vez más exactos y prematuros, se debe potenciar una mirada multidisciplinaria en la que se tenga en cuenta no sólo la etiqueta diagnóstica, sino las características individuales de cada persona y todo su entorno para poder proporcionar una mejor intervención.

 

Más información

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Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputació de Barcelona.