Maltrato. Cómo afrontarlo profesionalmente

El éxito en la intervención de situaciones de maltrato, se determina por la elaboración de un buen diagnóstico de la situación. Este diagnóstico tiene un contenido objetivable, el cual obtenemos mediante un screening, una exploració n acurada a través de una serie de escalas de valoración, pero también a partir de un contenido subjetivo,la percepció n del profesional que realiza el diagnóstico a través del contacto con la persona que recibe el maltrato y con la persona o el entorno que lo genera.

En este contexto, el profesional guía su diagnóstico, a través de la observación, la conversación y la escucha. Este ejercicio, observar – conversar – escuchar, inevitablemente traslada al profesional a la relación con el otro y a la generación de un vínculo, fonamental para la posterior intervención. Esta intervención tendrá como base el asesoramientoe que el experto ofrezca al conjunto. El punto que determina el grado de éxito de este asesoramiento viene determinado por el grado de confianza que los dos, autor y receptor del maltrato, depositan en el profesional. De nuevo, la confianza se construye a través de la relación con el otro.

El diagnóstico también viene definido por la información que el profesional obtiene a través del contacto con los otros profesionales que han intervenido previamente y a partir del contacto con el entorno familiar de la persona maltratada. Es muy posible que el experto, una vez haya escuchado a todo el mundo, obtenga dos versiones diferentes sobre la misma situación, las cuales generalmente se contraponen. Tendrá que ponderar cual es la que, desde su prespectiva, se acerrca más a una realidad que habitualmente tiene más de una cara.

Muchas veces, los profesionales tenemos la creencia que la información. és el bien más preciado, tanto a la hora de realizar un diagnóstico como a la hora de tomar decisiones, las cuales tendrán un gran impacto para las personas implicadas. Desde mi experiencia, en todas las situaciones de maltrato en las que he intervenido, nunca he tenido toda la información. Esta falta de información es una de las características que define la incertidumbre de la que tanto se habla en los entornos profesionales. El componente de la incertidumbre vivida por el profesional juega un papel determinante, tanto en la aproximación al diagnóstico como en la intervención y toma de decisiones posterior.

La incertidumbre genera malestar en el profesional, inseguridad y miedo. Estos sentimientos incomodan, son difíciles de gestionar. Una gran mayoría de profesionales la detectan y las gestionan pero otra parte no. El profesional puede, inconscientemente, puede quedarse paralizado, sin actuar o hacerlo de forma intermitente con la excusa real de la falta de tiempo, de la falta de personal, del estrés y de la tensión asistencial del propio servicio donde se trabaja. Se ve claramente en aquellas situaciones de maltrato en las que no se consigue llegar a tiempo. La situación, que podría haberse quedado desde la prevención y el asesoramiento preventivo, se convierte en urgente. Este hecho hace que se tomen decisiones desde esta urgencia de la situación, dejando a un lado lo que es importante para las personas implicadas. Eso que es importante para las personas implicadas es precisamente el motivo por el cual empiezan a caminar hacia la transformación de la situación.

El profesional puede también mirar hacia otro lado o comprometer a otro de la intervención. Es decir, no se implica en el proceso, se descuelga. De nuevo, actúa de forma inconsciente, y esta acción se puede traducir en «desresponsabilizar» a su organización o servicio o a intervenir sin contemplaciones.

Actuar desde la fuerza y el poder que se le atorga y que legitima su responsable directo o su organización, tomando decisiones drásticas, las cuales de nuevo, tendrá n un importante impacto en la vida de las personas implicadas es paternalismo. Contrariamente, no actuar, amarrarse a la legislación para determinar que a la persona se le tiene que respectar su voluntad y esta persona, decide no ser ayudada, es abandono.

Habitualmente, cuando se interviene en un caso de maltrato se aplican dos tipologías de medidas. Unas son de tipo jurídico y se enfocan en proteger a la persona que ha sufrido maltrato. Las otras son las medidas restaurativas y ofrecen una intervención psicosocial y educativa con la intención de reconstruir vínculos entre la persona que ha sufrido maltrato y la persona que lo ha causado.

Muchas veces, una vez se establece la medida jurídica, se considera que el apoyo a la persona se ha acabado. Pero realmente, es cuando empieza el trabajo de verdad por parte de las entidades y organizaciones que nos dedicamos al acompañamiento de personas mayores vulnerables. Es cuando se inicia un proceso de recuperación y de restauración de los vínculos en los que tenemos que acompañar y guiar a la persona mayor y a su entorno.