Píndola de Conocimiento en colaboración con el Centro de Vida Independiente. La capacidad funcional es el resultado de las habilidades que permiten a las personas ser y hacer aquello que es importante para ellas. Según la Organización Mundial de la Salud, hay “cinco dominios clave: satisfacer las necesidades básicas, aprender, crecer y tomar decisiones, tener movilidad, establecer y mantener relaciones, y contribuir a la sociedad”.

En las personas con Alzheimer o alguna otra demencia, esta capacidad va disminuyendo a medida que avanza la enfermedad, por eso es especialmente importante intentar mantenerla. Hacerlo, favorece su autonomía personal, que, a la vez, es esencial para preservar su autoestima y calidad de vida.

Hablamos de autonomía personal cuando nos referimos a la aptitud de cuidar de uno mismo de manera independiente y sin la ayuda de una tercera persona. Forman parte actividades de la vida diaria básicas, como la higiene personal, vestirse, comer, desplazarse o poderse comunicar, y de más complejas donde intervienen otros elementos o situaciones como usar dinero, utilizar el teléfono o servicios de transporte.

Capacidad funcional en personas dependientes

Una persona dependiente lo será, en parte, porque ha ido perdiendo esta capacidad. Para que siga teniendo este autocuidado se puede ayudar de diferentes herramientas como una silla de ruedas, bastones, pone-calcetines, calzadores, barandillas, etc. Productos ideados para que la persona pueda continuar realizando la actividad y se sienta más autónoma y segura, dos factores claves para conservar su bienestar.

Es importante entender que, para preservar esta autonomía, hay que fijarse en aquella funcionalidad que todavía puede realizar, no solo en lo que ya no es capaz de hacer. Si ponemos el foco en aquellas capacidades que todavía tiene preservadas, promoverlas y favorecer que las realice además de ser necesario, es un acto terapéutico. Por eso es tan importante poder adaptar el hogar con los elementos que faciliten la funcionalidad actual y futura de la persona en situación de dependencia, como alguien en una fase media o grave de Alzheimer. Gracias a la adaptación, se fomenta la actividad física y cognitiva y se pueden prever caídas.

En el hogar es importante que los espacios sean amplios, sobre todo aquellos por donde se mueve la persona, y sin barreras arquitectónicas o alfombras. Los enseres de la cocina o del lavabo tienen que ser accesibles sin necesidad de subir ninguna escalera; en cambio, es útil colocar barras en zonas de paso o de movimientos más difíciles como el lavabo, o apoyos a la cama. También tener el mobiliario a una altura que permita sentarse y levantarse con facilidad y controlar la iluminación para que sea favorable por sus rutinas. La tecnología puede ser una gran aliada para fomentar la capacidad funcional al hogar si, con un buen asesoramiento técnico, se instala para fomentar la comunicación y los ratos de ocio.

 

En el Centro de Vida Independiente, tienen mucho en cuenta las capacidades y las necesidades de cada persona, así como el entorno en el que viven para asesorarla a ellas y a sus familias sobre qué o qué productos de apoyo serán los necesarios para fomentar su autonomía personal. Hacen una primera visita de valoración del hogar para ver como se desarrolla la persona, y formación sobre el uso de los elementos de apoyo. Un recurso muy valioso para familias que conviven con alguien dependiente, que se puede solicitar incluso antes de llegar a una situación de dependencia grave, para recibir asesoramiento y conocer más con detalle, las dificultades con los que se podrán encontrar.

 

Más información

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Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputació de Barcelona.