Píldora de Conocimiento: El duelo. Un proceso necesario para volver a estar bien

Píldora de Conocimiento: El duelo es un proceso natural que sucede cuando se sufre una pérdida. Esta pérdida puede ser material o inmaterial y su intensidad varía según el vínculo generado con aquello perdido.

A pesar de ser un proceso que cualquier persona tiene que afrontar en algún momento de su vida, muchas veces se asocia a patologías o problemáticas de salud mental y es importante no hacerlo, puesto que el duelo forma parte de la vida. Aceptarlo como algo natural nos permite poder transitar esta etapa sin culpabilizarnos.

Existen muchos estudios sobre el duelo, las pérdidas, las etapas que comporta el proceso y las diversas maneras que existen para afrontarlo. Uno de los más conocidos es la teoría de Elisabeth Kübler-Ross, patóloga que formuló la teoría de las 5 fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. A pesar de que, evidentemente, estas emociones son frecuentes en cualquier persona en proceso de duelo, este modelo se ha criticado por ser demasiado pasivo y lineal. Muchas veces, no existen etapas marcadas o no se producen en un orden específico. Cualquier persona tiene mejores y peores días en el proceso de duelo, por eso no se puede plantear como una evolución continua.

En contraposición, estudios posteriores han apostado por otorgar un rol más activo a las personas que están pasando un duelo. El psicólogo William Worden deja atrás el sistema de etapas y divide el proceso en tareas que cada persona tiene que realizar: Aceptar la realidad de la pérdida, procesar las emociones y experimentar el dolor por la pérdida, adaptarse al mundo sin la persona que ha muerto y resituar emocionalmente la persona que ya no está. Worden destaca la necesidad de trabajar los pensamientos, los recuerdos y las emociones asociadas a la pérdida, a través de las tareas que plantea para poder restaurar el equilibrio y superar el proceso.

Dejando de lado la teoría, es un hecho que un duelo produce tristeza, sentirla es normal y su intensidad depende de la relación que se haya tenido con la persona que ya no está. Con el tiempo, la intensidad de la tristeza se reduce, muchas veces no se va nunca del todo, pero el proceso de duelo sirve para aprender a convivir con ella de forma sana. Otros sentimientos como la rabia o la frustración también suelen ser frecuentes en etapas tempranas del duelo.

En un proceso de pérdida se pueden tener muchas emociones diferentes. Hay veces que se puede sentir cierto alivio o tranquilidad por el hecho de que la persona que ha muerto haya dejado de sufrir y no es bueno juzgarnos ni culpabilizarnos por tener esta sensación. Todas las emociones son válidas en un proceso de duelo.

De hecho, el duelo es reparador y sanador, puesto que permite adaptarte a una nueva realidad en la que ya no está la persona estimada. Por ello, expresar las emociones y verbalizar los miedos y las angustias que se tienen es una buena forma de sanar este dolor.

Ahora bien, hay veces que el proceso de recuperación de una pérdida se complica. Esto se puede detectar cuando el nivel de tristeza o sufrimiento no disminuye con el paso del tiempo e impide el bienestar cotidiano de la persona afectada. Cuando esto ocurre, es bueno ponerse en manos de profesionales para que te acompañen durante este proceso.

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