Píldora de conocimiento. Cuando hablamos de Alzheimer, las conductas agresivas son uno de los síntomas que más preocupan a los familiares. De hecho, entre el 50% y el 80% de las personas con Alzheimer pueden presentar alteraciones de conducta en algún momento de la enfermedad.

Estas alteraciones forman parte de lo que se conoce como síntomas psicológicos y conductuales de la demencia e incluyen manifestaciones como agitación, irritabilidad, ansiedad, cambios de humor o, en algunos casos, agresividad verbal o física. Por tanto, es importante tener presente que la agresividad no aparece en todas las personas ni se manifiesta de la misma forma. Cuando surge, suele estar vinculada a situaciones de confusión, miedo, dolor, frustración o dificultades para comunicarse.

En algunos casos, puede ser una manera de expresar el malestar cuando la persona ya no puede explicarlo con palabras. Puede aparecer como respuesta a una situación que genera incomodidad o frustración, pero también puede estar relacionada con factores menos visibles, como efectos secundarios de la medicación o problemas de salud (por ejemplo, una infección urinaria). Por eso, es fundamental intentar comprender qué puede estar provocando esta conducta y valorar posibles causas médicas o ambientales.

Es una situación difícil tanto para la persona que la vive como para sus familiares, que con frecuencia asumen la parte más dura del día a día, ya que la frustración y el malestar a menudo se dirigen hacia quienes están más cerca. Es importante entender que no es por rechazo, sino porque los familiares cuidadores somos el entorno de mayor confianza y tenemos una presencia constante, pero se trata de un síntoma que genera malestar. Delante de esta situación hay algunas pautas que podemos seguir para afrontar este síntoma de manera positiva.

Recomendaciones para afrontar conductas agresivas

Primero, es importante no confrontar la persona ni intentar discutir, y optar para hablarle con calma, de manera positiva, o simplemente cambiar de tema para evitar conflictos. Además, tenemos que tratar de afrontar la situación siente amables o con una sonrisa, y recordar que no es personal. Hace falta que validamos a la persona, sus emociones y el que le pasa, antes de intentar reconducir la situación.

También debemos tratar de identificar qué situaciones desencadenan esta conducta, para poder evitarlas o prevenirlas. Algunos ejemplos pueden ser no tener privacidad, la falta de independencia, el aburrimiento, el dolor o la fatiga.

Otro aspecto que puede ser importante es evitar la sobre estimulación, como los ruidos fuertes o entornos con muchos estímulos, ya que suelen ser un fuerte desencadenante de la conducta agresiva.

Las rutinas, evitando las tareas complicadas, son una buena manera de prevenir estas conductas, siempre que estén adaptadas al grado de la enfermedad. Asimismo, las actividades físicas como salir a caminar o dar paseos suelen ayudar a canalizar la agresividad. Otra buena idea es cambiar el foco de atención, es decir, centrarse en un objeto o en una actividad concreta. Algunos ejemplos son ver su programa favorito en la televisión, escuchar música, leer un libro o incluso hacer actividades en conjunto, como doblar la ropa.

La importancia de los grupos de apoyo

Hay que intentar no tomárselo de manera personal, ya que nuestro familiar no lo hace con la intención de hacernos daño. Aun así, gestionar este tipo de conductas suele ser uno de los retos más difíciles para la familia, ya que incluyen mucha prueba y error hasta entender de dónde sale y cómo reconducirlo. Por ello, es recomendable participar en grupos de ayuda mutua, donde se promueva la psicoeducación en cuidadores para poder afrontar estas situaciones de manera efectiva.

Más información

En Alzheimer Catalunya Fundació somos expertos en acompañar a las familias en este camino, y estaremos encantados de escucharte y proponerte lo mejor para tu caso. Contacta con nosotros y deja que te ayudemos.

Contenido redactado por Natalia Ferrer, neuropsicóloga de Alzheimer Catalunya Fundació y Yara Virac, alumna en prácticas del Grado de Psicología de UNIR.