
Hablar sobre cómo nos sentimos, qué nos hace bien o mal y como nos gusta que nos cuiden podría ser una parte natural de nuestras conversaciones con las personas próximas. Pero cuando se presenta una situación compleja, como es un diagnóstico de una demencia, surgen muchas incertidumbres, tanto sobre nosotros mismos como sobre la persona afectada. Además, a medida que avanza el deterioro cognitivo, surgen déficits en el lenguaje, la memoria y el razonamiento que pueden dificultar la comunicación con el familiar afectado.
Ante este reto, aparecen dudas sobre cómo comunicar el diagnóstico a la persona, cómo hacerle entender que necesita ayuda, si es adecuado intentar razonar con la persona para hacerla más consciente de los déficits, etc.
Intentar confrontar a una persona con demencia con sus déficits puede provocar desazón y ser contraproducente, al propiciar alteraciones de la conducta. Por lo tanto, lo primero que tenemos que tener en cuenta es el objetivo de la comunicación y las capacidades del familiar.
En fases iniciales, es importante que la persona tenga la oportunidad de planificar el futuro. Por lo tanto, será beneficioso que reciba información sincera sobre el diagnóstico y su pronóstico. Más adelante, a la hora de incorporar ayudas externas como elementos técnicos o una persona externa, una buena forma de conseguir que el familiar acepte la ayuda es explicar por qué es importante esta ayuda a casa.
Siempre tendremos que validar los sentimientos y las necesidades de la persona afectada y, si es necesario, buscar otras formas de conseguir el objetivo de la comunicación que no suponga confrontar a la persona con sus déficits.
Teniendo esto en cuenta, si finalmente decidimos confrontar a la persona afectada con sus déficits hay varios aspectos para tener en cuenta:
1. Las preferencias de la persona afectada
Hay quién busca espacios cerrados, familiares y lejos del ruido social, mientras que hay quién prefiere la naturaleza, mar o montaña, para poder hablar tranquilamente. Es bueno saberlo para tenerlo presente a la hora de abordar temas delicados.
2. La manera en la que la persona ha afrontado los cambios en su salud
Algunas personas ante cualquier situación piden o buscan información y otros lo posponen o incluso lo evitan. Esto determina como podemos actuar nosotros, teniendo en cuenta que, por encima de todo, tendría que prevalecer la calidad de vida y, saber más o menos, puede suponer diferentes grados de sufrimiento. Si no hay un cambio explícito por parte del afectado, es preferible acompañarlo tal como él o ella lo hace consigo mismo.
3. Tratarlo como un adulto
Relacionado con el punto anterior, que sean personas mayores o con demencia no quiere decir que les tengamos que hablar como si fueran niños. Tienen una personalidad y una identidad propia y, si lo tenemos en cuenta, los haremos sentir más respetados.
4. Adaptarnos a su tiempo
Las demencias alteran el procesamiento de la información y hay que ir viendo como “registran” lo que les va pasando. Si no respetamos su ritmo y lo vamos reconociendo, podemos acabar desgastados por no conseguir los resultados. Hay que evitar la frustración, de ambas partes.
Si la opción es hablar directamente de la progresión de la enfermedad con el familiar, es aconsejable dejar muy claro que la evolución es personal, el tiempo es relativo y que cada día es vida que podemos vivir de la mejor manera. Es importante tener cuidado con el lenguaje, hablar con tranquilidad y mantener el contacto visual, ya que da seguridad y ayuda a que comprendan lo que decimos, tanto con palabras como gestos.
En cambio, si vemos que no es indicado tratarlo explícitamente, podamos fomentar aquello que le gusta hacer y que mantiene al familiar motivado. Además, es importante gestionar temas que pueden ser trascendentes y que sabemos que costará que los trate por iniciativa propia, como poderes, gestiones bancarias, cuidador/a, etc.
Informarnos sobre la demencia del familiar puede ser un buen recurso para adquirir herramientas para afrontarla, entre las cuales hay la comunicación.
Hay muchas maneras de afrontar la situación y la mejor será la que nos resulte más cómoda, tanto a la persona que acompañamos como a nosotros. Se trata de un proceso dinámico y puede ser que, a medida que se desarrolle, vayamos modificando el planteamiento y la manera de hacer.
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Si tú o un familiar tuyo acabáis de recibir el diagnóstico de demencia y necesitáis información y acompañamiento, podéis pedir una Acogida gratuita, donde te explicaremos todos los recursos que tienes al alcance. También te puedes subscribir al boletín de Alzheimer Catalunya Fundació para leer más noticias como esta.
Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputació de Barcelona.

