Un diagnóstico de Alzheimer tiene un profundo impacto emocional, tanto para la persona afectada como para su entorno más cercano. Cuidar de una persona con demencia puede ser muy exigente, especialmente cuando hay que compaginarlo con la vida cotidiana. A veces, llega un punto en el que nos sentimos desbordados y no sabemos cómo pedir ayuda.

Si hace un tiempo hablábamos sobre los beneficios de los grupos de apoyo, hoy queremos poner el foco en la terapia individual, que puede ser una herramienta valiosa para aprender a gestionar la situación con más recursos y cuidar también del propio bienestar emocional. Sin embargo, a menudo cuesta identificar cuándo ha llegado el momento de dar este paso.

Por eso, te señalamos algunas situaciones que pueden indicar que ha llegado la hora de pedir acompañamiento psicológico.

1. Agotamiento físico y emocional

Tener la sensación de vivir en piloto automático, sin energía ni motivación para hacer las cosas que antes te gustaban, es una de las señales de alerta. También lo son los problemas de sueño, la fatiga constante, el cansancio excesivo o molestias físicas sin una causa clara.

2. Sentimientos de culpa y autoexigencia excesiva

Tener pensamientos como “si descanso, soy una mala hija” o “no puedo más, pero no puedo dejarlo” es otro indicio de que algo no va bien. También lo es sentir que nadie lo hará tan bien como tú, o que pedir ayuda es un fracaso.

3. Problemas con la gestión del tiempo y desorganización

Sentir que no llegas a todo, tener “demasiadas cosas en la cabeza” o que los pensamientos van demasiado rápido puede ser señal de estrés sostenido. Esta saturación puede dificultar la concentración y generar angustia.

4. Conflictos familiares o sensación de abandono

Asumir el cuidado en solitario mientras el resto de la familia se implica poco puede generar soledad y desgaste. Esta situación puede afectar la convivencia, hacer que se descuiden otros vínculos importantes y provocar mucho estrés en el entorno familiar. Además, se puede descuidar la vida en pareja o familiar por priorizar los cuidados.

5. Duelo anticipado y tristeza prolongada

Es habitual sentir tristeza al ver que el familiar ya no es la persona que era. Pensamientos recurrentes sobre su enfermedad, la pérdida o incluso la muerte pueden generar un duelo anticipado muy intenso. Llorar con frecuencia, sentirse emocionalmente desconectado o perder el interés por lo que antes te hacía sentir bien son señales a tener en cuenta. También lo es el malestar profundo ante los cambios de conducta o personalidad que se experimentan durante la evolución de la enfermedad.

6. Aislamiento social

Cuando empiezas a evitar encuentros, llamadas o actividades sociales, puede ser señal de que te sientes desbordado. La sensación de que nadie entiende por lo que estás pasando puede favorecer el aislamiento.

7. Pérdida de la identidad personal

Puede llegar un momento en el que cuesta reconocerse más allá del rol de cuidador/a. Olvidarse de las propias aficiones, relaciones o proyectos personales es una señal de alerta. Sentir que “ya no eres tú” o que has perdido una parte de quien eras antes de cuidar.

8. Irritabilidad o reacciones emocionales intensas

Pueden aparecer reacciones desproporcionadas ante situaciones cotidianas, cambios de humor frecuentes o dificultades para controlar las emociones, sobre todo la ira y la tristeza.

9. Ansiedad constante o ataques de pánico

Sensación de miedo o inquietud constante, palpitaciones, opresión en el pecho, sensación de ahogo o pesadillas constantes.

10. Pensamientos negativos recurrentes

Pensamientos como “no puedo más”, “todo está fuera de control” o “esto no va a mejorar nunca” pueden aparecer cuando el malestar se acumula. En casos más graves, puede surgir la idea de abandonar el rol de cuidador/a o, incluso, pensamientos autodestructivos.

Si te has sentido identificado o identificada con algunas de estas situaciones, quizá ha llegado el momento de dar el paso. Aceptar apoyo psicológico es un acto de valentía y de amor propio, y puede marcar una gran diferencia en tu bienestar y en la manera en que vives el cuidado. Estamos aquí para acompañarte en este proceso. Pídenos ayuda.

Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputació de Barcelona.