tractaments per l'Alzheimer

Píldora de Conocimiento. Actualmente, a pesar de los avances en las investigaciones, la enfermedad de Alzheimer no tiene cura, pero sí existen tratamientos destinados a reducir alguno de sus síntomas o aportar bienestar a la persona diagnosticada. En esta noticia exploraremos los tratamientos actuales y explicaremos aquello que se está investigando para mejorar la respuesta médica a la enfermedad.

 

Tratamientos actuales para el alzhéimer

Pese a ser una enfermedad con una incidencia muy alta, el alzhéimer sigue siendo una incógnita científica. Hoy en día, de las pocas cosas que se conocen sobre ésta es que genera una acumulación de las proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro que dificulta la conexión entre neuronas. Sin embargo, a pesar de tener esta información, todavía no existe ningún fármaco que evite esta acumulación, sino que los tratamientos actuales se dirigen a reducir los síntomas derivados de la enfermedad actuando en otros elementos del cerebro.

 

Inhibidores de acetilconesterasa

Principalmente, existen dos tipologías de fármacos para el alzhéimer, uno de ellos lo conforman los medicamentos clasificados como inhibidores de acetilconesterasa, esta palabra de difícil pronunciación hace referencia a la acetilcolina, un neurotransmisor encargado de facilitar la comunicación dentro del cerebro y que , entre otras informaciones, se encarga de enviar mensajes relacionados con la memoria y el aprendizaje. Los fármacos se dedican a aumentar los niveles de acetilcolina, eliminando o disminuyendo las enzimas que se encargan de descomponerla, por lo que el aumento de acetilcolina se traduce en una mejora sintomática de aspectos cognitivos como la memoria o la atención, aspectos funcionales que facilitan el mantenimiento de la vida cotidiana y aspectos conductuales como la agresividad o alucinaciones. Sin embargo, sus efectos son limitados y suelen indicarse en fases leves de la enfermedad ya que después su efectividad se reduce. Actualmente existen 3 medicamentos de esta tipología: el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina.

 

Antagonistas de NMDA

Por otra parte, existe otra tipología de fármacos clasificados como antagonistas de NMDA, esta nomenclatura sirve para indicar que los tratamientos actúan sobre otro neurotransmisor, en este caso el glutamato, que si se encuentra en cantidades excesivas puede causar la muerte de neuronas. El fármaco de esta rama que se receta para casos de alzhéimer se llama memantina, suele utilizarse en fases moderadas o graves de la enfermedad y también sirve para desacelerar la pérdida de memoria y otras funciones cognitivas.

 

Otros fármacos

En la mayoría de casos, la enfermedad de Alzheimer comporta la aparición de trastornos psicológicos y conductuales. Cuando éstos son leves se procuran acompañar desde las terapias no farmacológicas, pero cuando éstos son graves y persistentes también se opta por medicación antipsicótica, antidepresiva o hipnótica.

Antes de optar por la medicación es necesario descartar posibles causas de los trastornos como pueden ser dolores, fatiga, infecciones, alteraciones en la vista o oído, etc. puesto que resolviendo las causas del malestar disminuirán o desaparecerán los síntomas psicológicos y conductuales asociados a éstas. También hay que tener en cuenta que existen comportamientos derivados de la enfermedad de Alzheimer que no se pueden prevenir ni controlar a través de la medicación, como pueden ser intentos de escaparse, vestirse o desvestirse en lugares considerados inadecuados, etc. En estos casos, la única solución es acompañar a la persona para que no suponga un peligro para sí misma ni para nadie de su entorno.

 

Futuros tratamientos para el alzhéimer

Hay tres líneas de investigación principales, una de ellas se centra en el diagnóstico, otra en averiguar las causas de la enfermedad y la tercera en elaborar tratamientos efectivos para mejorar los síntomas y frenarlos.

En relación al diagnóstico, los biomarcadores cada vez están tomando mayor protagonismo. Estos indicadores pueden ser de muchas tipologías: biológicos, bioquímicos, genéticos, de imagen, etc. y sirven para identificar señales, rasgos y características de la evolución de una enfermedad, entre otras muchas cosas. En el caso del alzhéimer, hay dos importantes: el análisis de acumulación de proteínas beta-amiloides y tau en el líquido cefalorraquídeo a través de una punción lumbar y el análisis de los niveles de estas proteínas en el cerebro mediante una tomografía (PET). Más allá de los dos mencionados, en los últimos meses se ha demostrado que también se pueden encontrar biomarcadores válidos para analizar el alzhéimer en la sangre, una noticia muy positiva puesto que el análisis de sangre es una técnica mucho menos invasiva que las demás dos mencionadas.

Los biomarcadores permiten mostrar la aparición de la enfermedad antes de que se presenten síntomas, es decir, antes de que exista lo que se llama un cuadro clínico y la relevancia de este hecho recae en la posibilidad de investigar fórmulas de detener o ralentizar el alzhéimer antes de que éste se manifieste a través de su sintomatología habitual, es decir, estas pruebas pueden convertirse en elementos imprescindibles para la prevención de la demencia.

La segunda línea de investigación se centra en explorar el porqué se produce la enfermedad en personas que no tienen ninguna alteración genética y la tercera se dedica a diseñar tratamientos para mejorar los síntomas y frenar la evolución de la enfermedad.

En referencia a esta última línea el reto se encuentra al elaborar un fármaco que frene o reduzca de forma significativa el avance de la enfermedad, es decir, que la cure o que garantice una buena calidad de vida a la persona diagnosticada. Para ello, se están investigando fármacos que eliminen o disminuyan la acumulación de las proteínas beta-amiloide o tau o que preserven las neuronas en buen estado y eviten su neurodegeneración.

Lecanemab

En este ámbito, en enero de 2023 Estados Unidos aprobó un nuevo fármaco llamado Lecanemab, un anticuerpo monoclonal dirigido a personas con alzhéimer en fases iniciales, que reduce la acumulación de la proteína beta-amiloide en el cerebro, esto significa que puede frenar sensiblemente el deterioro cognitivo, pero en ningún caso cura la enfermedad. El ensayo realizado para demostrar la eficacia del medicamento muestra que disminuye en un 27% el deterioro cognitivo, pero su aprobación no ha estado exenta de polémica ya que 2 años antes, las farmacéuticas que lo comercializan, Biogen y Esai, anunciaron un fármaco llamado Aducanumab por tratar la enfermedad de Alzheimer que resultó un fracaso en cuestiones de eficacia y coste y que nunca llegó a aprobarse en Europa. Ahora, habrá que esperar a la resolución de la Agencia Europea del Medicamento respecto al Lecanemab para saber si este nuevo fármaco cuenta con las suficientes garantías para comercializarse en nuestro continente.

 

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