No todas las personas diagnosticadas de Alzheimer o con más predisposición a sufrir, experimentarán los mismos procesos de deterioro cognitivo. Esto es debido a la reserva cognitiva, un concepto clave en el campo de la investigación sobre el Alzheimer y las demencias.

El sistema nervioso central del cerebro cuenta un sistema de defensa pensado para compensar los efectos negativos de las lesiones cerebrales tales como el deterioro cognitivo asociado a la vejez y las enfermedades neurodegenerativas. Este sistema actúa con dos tipos de reservas:

  • La reserva cerebral es aquella que nos viene dada según los factores biológicos y genéticos, que no varía, y que tiene que ver con el volumen cerebral, el número de neuronas y la conexión entre ellas.
  • La reserva cognitiva (RC), en cambio, se va adquiriendo a lo largo de la vida y depende de factores intelectuales, sociales y físicos que estimulan la actividad cognitiva del cerebro. La RC tiene la capacidad de optimizar el funcionamiento del cerebro, mantener las redes neuronales activas y de potenciar la plasticidad neuronal, necesaria para que el cerebro se adapte y cree nuevas estructuras y conexiones ante las adversidades.

 

Reserva cognitiva y Alzheimer

El año 1986 el epidemiólogo y profesor de neurología de la Universidad de Kentucky, David Snowdon, llevó a cabo un estudio en un convento de monjas de clausura para investigar cuál era la relación entre el envejecimiento y el Alzheimer. Es el conocido “Estudio de las monjas”.

Después de estudiar a las religiosas, a quienes se hizo estudios y pruebas cognitivas cada año, demostraron que aquellas con un nivel educativo más alto y que habían estado más activas mental y físicamente, tenían una mayor esperanza de vida y un menor deterioro cognitivo. Además, a través de unos escritos que las monjas habían hecho antes de entrar al convento, se vio como las que habían realizado relatos más ricos en contenido y lenguaje tenían menos posibilidad de sufrir una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer. Y, al morir una de ellas, pudieron estudiar su cerebro y comprobar como tenía las lesiones neuronales clásicas del Alzheimer a pesar de no haberlo desarrollado en vida.

El estudio demostró como ciertos hábitos de vida tenían una relación directa en el desarrollo del deterioro cognitivo. Hábitos que ayudaban a aumentar la RC.

A partir de esta investigación y otras que se han hecho desde entonces, se ha podido constatar que una persona con Alzheimer o alguna otra demencia con una RC alta tiende a mantener un funcionamiento cognitivo más saludable retrasando el deterioro y los primeros síntomas. Y que, por lo tanto, preservarla es un buen método para demorar los efectos del envejecimiento y retardar la pérdida de actividad cerebral asociada a la enfermedad.

 

Como aumentar la reserva cognitiva

Tal y como hemos explicado, la RC se va adquiriendo a lo largo de la vida y es variable. Se asocia directamente a la calidad de vida y hay factores claves que determinan tener más o menos, como es el nivel educativo, que va ligado también al estatus socioeconómico, hablar más de un idioma, tocar un instrumento o tener una ocupación laboral. Pero también hay actividades concretas que se pueden poner en marcha en cualquier momento y que ayudan a mantener una buena salud cerebral:

  • Actividad lectora: la lectura estimula la atención, la concentración, la memoria y el lenguaje. También sirve para formarse y aprender cosas nuevas, hecho que hace sentirse activo y focalizarse en una intención concreta.
  • Ejercicio físico: ayuda a mantenerse activo físicamente, mejorar el flujo sanguíneo cerebral y el funcionamiento general del organismo. Mejora el estado de ánimo y permite relacionarse con otra gente.
  • Socialización: el contacto con otras personas nos permite estar conectados con nuestro entorno y tener interés en aquello que nos explican y transmiten. También es bueno compartir alguna actividad concreta para sentirse motivado.
  • Cambio de rutinas: automatizar actividades disminuye la actividad cerebral porque al repetir las mismas acciones se reduce el aprendizaje, así que cambiar los hábitos de vez en cuando es bueno para activar la conectividad neuronal.

En personas afectadas de Alzheimer o alguna otra demencia, la estimulación cognitiva puede ayudar a fomentar la reserva cuando los síntomas de la enfermedad han empezado a aparecer, puesto que ayudan a mantener activo el cerebro.

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Este contenido cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona.